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(Falta de) reflexión feminista sobre las tecnologías

Si las culturas no heteropatriarcales podían haber tratado su entorno según el valor de la armonía, en las heteropatriarcales que conocemos hoy en día reina la norma de dominación. Como Yayo Herrero puntualiza, esto se traduce a la dominación de la razón sobre el cuerpo y emoción, la dominación de lo individual por encima de lo colectivo y finalmente, la dominación de la humanidad sobre la naturaleza. El utensilio principal de esta última, es indudablemente la tecnología.

Podría no ser así, y de hecho había y hay tecnologías que no se inscriben en el eje de dominación sino que buscan restablecer un equilibrio. Pensemos en las casitas de pájaros.

Pero desafortunadamente, la mayoría de tecnologías que nos rodean nacen con inscrita la marca del reino de razón-individuo-humanidad, ayudándolo a expandirse, a "progresar". Si los movimientos alternativos, tales como el del software libre o el feminismo, no se plantean un debate y una reflexión profunda para repensar las herramientas que usan, difícilmente dejarán de reproducir, en contra de su voluntad explicita, el heteropatriarcado capitalista.

Lo que observo en mis entornos es primero una falta de ver la necesidad y urgencia de repensar las tecnologías, y una vez planteado el tema, una resistencia. ¿Cómo es, siendo revolucionarias, ni siquiera permitimos que se planteen dudas sobre el status quo de las normas? ¿Por qué se escoge lo fácil y lo establecido, aceptando la autoridad que nos viene habitualmente desde entornos más privilegiados?

No lo acabo de entender y la verdad frente este muro que veo en tantos espacios alrededor, me siento triste. No se decir si este muro se compone más del desinterés, de "ya lo harán otros" y "ya me va bien no esforzarme" o más bien de una indefensa aprendida de "no soy nadie para opinar".

Obviamente no hay ni herramientas perfectas, ni herramientas seguras, todo depende de lo que necesitamos como grupo y los usos que les queremos dar. Lo que importa es el debate en el que nos podemos re-definir y posicionar como grupo frente a lo que nos viene dado, nuestro espacio de autonomía en el que podemos decidir tomando en cuenta los pros y contras, las causas y los efectos. Así, nos podemos empoderar no solo de tecnologías que usamos, sino también, de nosotras mismas y nuestros compromisos políticos y sociales. Pero quizás es un miedo a asumir que en todo hay una parte "negativa", miedo a verlo no como el mal, sino como una cosa más del universo. Solo sabiéndolo nos podemos hacer dueñas de lo que somos y usamos y hacer que no nos dañe. Al cerrar los ojos las cosas no desaparecen, aunque en la cultura heteropatriarcal tan altamente visualista, esto parece incierto.*

* Este error cometió, tan aplaudido por nuestres pensadores, Wittgenstein.