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Por qué no me gusta Netflix

Hace tiempo que de forma periódica se me acerca cualquiera de mis amigos y me intenta convencer que absolutamente tengo que mirar 'Black Mirror'. Mi respuesta de que 'no me interesa la cultura gringa' no suele encontrarse con comprensión. 'No, no, pero esta serie es diferente, es contra el {sistema, capitalismo, capital, progreso...}'. Y se aventuran a contarme la trama de los episodios. 'Gracias, pero no me interesa'.

¿Cómo explicar amablemente que no quiero estar más expuesta a la perspectiva de la industria gringa-cultural de hacer y ver?

Los discursos, las historietas 'ready-made' listas para consumir y repetir, no son solo productos culturales inocentes. Son sistemas de pensar, de categorizar y de sentir que, si no prestamos atención, se incrustan en nuestros cuerpos y mentes y comienzan a gestar. Ni sabemos porque nos parece obvio que los hombres son mejores en las ciencias exactas o que mujeres con vello no se cuidan. O que mejores parejas son cuando el chico es mayor y más alto o que para el amor hay que sufrir o que...

El peligro de los discursos es que a medida de repeticiones se vuelven transparentes, invisibles. Se vuelven 'lo natural'. 'Educación es buena' y 'Africa es pobre'.

Y aunque me digan que 'esta serie es diferente, porque justamente la prota es una mujer fuerte e inteligente', si los autores y los intereses detrás son parte del pensamiento hegemonico y dominante me cuesta creer en la profundidad de cambio propuesto. Una voz interna me dice que a lo mejor proponen cambiar solo uno de los valor por defecto, pero sostendrán la gran mayoría de los otros.

Efectivamente, como me intentan convencer mis amigos, puedo mirar estas series con una mirada crítica justamente para tener mejores argumentos de por qué no me gustan y para saber desconstruir sus discursos. Y que es importante, porque toda la gente las mira.

Pero yo, conciente de lo corta que es la vida y de lo ricas que son innumerables otras culturas, prefiero pasar mi tiempo a ver producciones culturales que representan otros sitios, otras maneras de pensar, otros intereses y otros grupos. Ya me esta bien haberme nutrido en mi infancia de dibujos animados gringos, de princesas esperando a príncipes, niñas jugando con muniecas o adolescentes en casas de sus papas ricos. Ya me esta bien que me llega el regeton con sus letras machistas y ritmos simplistas cuando voy a comprar o a tomar un café y que cuerpos sexualizados me asaltan de anuncios cuando saco mi perro a pasear.

Ya me esta bien, no hace falta más, ja en tinc prou.

Una empresa que dispone de datos muy precisos sobre gustos de millones de personas que se dedica justamente a producir su capital perfilando gustos y personalidades de su público, o sea que forma parte de la avant-garde del capitalismo de vigilancia, no puede ser realmente crítica con este mismo. Usará la información recogida sobre sus espectatores para vender mejor sus productos y defender sus intereses de grupo privilegiado dentro del sistema neoliberal. Y si la moda del turno es el 'anticonsumismo', pues venderá justamente esto. Bajo la aparencia de lo crítico reforzará los valores establecidos, llevando el foco a lo que 'ya se sabe', pero manteniendo silencio sobre lo Otro. Como las camisetas blancas para las niñas buenas con un bordado de perlas 'ACDC' no son heavymetaleras.